¿Atónita, paralizada porque tu pareja te fue Infiel?

 

La infidelidad no llega de un día para el otro, como relato en artículos anteriores cada paso vivido.

Hoy seguimos el viaje por mi experiencia y si estás leyendo este articulo es posible que también es tu experiencia hoy, de forma diferente puede ser, pero esa desesperación que he sentido cuando efectivamente estaba confirmada mi sospecha y ya no me quedaban excusas para no actuar y ver lo que no quise ver es quizá lo mismo que tú sientes hoy.

Después de escuchar de la propia boca de la mujer que estaba saliendo con mi esposo llegué a casa y me senté inmóvil, atónita, tratando de asimilar todo lo que había escuchado y vivido.

Mientras, se acercaba la hora que llegaría mi esposo del trabajo, todavía no tenía claro qué iba a hacer, pero después de esto me resultaba muy duro la idea de verle la cara a mi marido.

Por momentos yo estaba inundada en lágrimas y en un torbellino de sentimientos que me hacían sentir como si hubiese pasado la peor catástrofe y no podía pensar con coherencia.

Cuando llegó no pude contenerme, empecé diciéndole que su juego había terminado, que ya no había cómo mentirme más, que lo sabía todo.

Él, sin saber qué me pasaba ahora, ni entender por qué tenía esta reacción, aún intentó negarlo, trataba de hacerme creer que eran imaginaciones mías.

Pero lo solté:

Ya no más, ella me lo ha contado todo, no empeores las cosas. ¡Cállate y vete! ¡No quiero verte más!

Sí, no pude evitarlo. Le pedí que se vaya por lo menos hasta que pueda sentirme un poquito mejor y pudiera saber qué haría con mi vida, con mi familia, con todas las ilusiones que se me habían roto.

En este momento no podía tomar decisiones, ni tampoco podía hablar más, solo necesitaba espacio, tranquilidad y respirar un poco de calma.

Con la mirada al suelo, su orgullo entre las piernas, sintiéndose acorralado por sus mentiras, finalmente reconoció que merecía ser echado de su propia casa y aceptó lo que tanto había negado.

Recogió las cosas más básicas y con gran dolor en su semblante, con gestos lentos para retrasar el tiempo, su cuerpo me hablaba a gritos pero en silencio.

A él le habría gustado escuchar un “Está bien, quédate. Volvamos a hablar”, pero eso que tanto le hubiese gustado escuchar yo no podía dárselo en este momento.

Cómo me hubiera gustado recibir ese día así como tu hoy recibes un mail que me diga lo que te estoy contando…

…que me señale con una flecha haz clic aquí

…para que puedas ver con más claridad lo que estás viviendo,

…que me ayudara a encontrar calma y tranquilidad,

…que me ayudara a ser objetiva en un momento de tanto dolor

…y que pueda ser más sencillo pensar, decidir y actuar sin miedo,

…sin culpa

…y sin esa rabia que me consumía,

Ese email que yo nunca recibí, aquí te lo entrego en forma de este artículo para tí: >>haz clic<< 

 

Gladys

PD: Si quieres saber como comenzó mi historia, lee mi artículo Quien puede entenderte ahora 

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